jueves, 14 de noviembre de 2013

“Amor prohibido”: Un Cuento Corto por German William Cabassa Barber


“Amor prohibido”
Un Cuento Corto por:
German William Cabassa Barber,
Primer Lugar, 
En El Certamen de la fiesta de La Lengua,  año 2009:

Cuando el Detective Hopeless, del Departamento de Homicidios y crímenes violentos, entró en aquella habitación donde la policía y sus peritos forenses ya le esperaban, lo que encontró, mientras aguardaban la llegada del fiscal, fue algo que jamás olvidaría. Aquello y su historia fue algo tan desconcertante que más tarde (en Diciembre 23 de ese año) el pensar tanto en ello le obligaría a romper el silencio y dejar su ética laboral a un lado para contarle a su mejor amigo-mi padre-sobre aquello que ocurrió, por cierto el 11 de octubre del 2004…
Manhattan, Nueva York a 11 de Octubre de 2004:
-“Qué desastre.”-comentó el Detective Hopeless al encontrarse con aquella escena, aunque había visto muchos escenarios espeluznantes en su vida, los de ese tipo en específico eran los que menos le gustaban. Mientras él contemplaba aquello, otros rebuscaban el lugar, otros fotografiaban, otros hacían trámites para que el fiscal se apresurara. Cosa del destino pareció que aquel joven oficial de color se percatase de que había una grabadora sobre la mesa y de que tenía cinta puesta, se acercaron y se percataron que aún grababa, le oprimieron el botón para que el artefacto virara la cinta al principio y por curiosidad, aunque más por la sospecha de que esclarecería aquel caso se pusieron a escuchar la cinta. Contaba una historia que viviría con ellos de ahí en adelante, era la historia de quien dejó la grabación -en ella contenía sus razones para hacer lo que había hecho- y era su historia, era el audio que sigue:
“He decidido dejar mi historia para los que la encuentren, como testamento y como advertencia de que no cometan los mismos errores que yo. Mi nombre es Sebastián y todo comenzó cuando yo estaba en la escuela superior Inés María Mendoza en Cabo Rojo, Puerto Rico. Cursaba yo el grado once cuando por tener la sangre caliente embaracé a mi novia. Les diré que todos aquellos que me rodeaban, los pocos que eran, se convirtieron en mis verdugos. Así que sin paciencia, sin ganas y sin compasión ninguna, siendo mi cómplice el hermano de mi abuelo, sin decir nada, me marché. Así es, abandoné a mi amante, partí hacia la ciudad de Nueva York. , el antiguo destino de todos los nacidos en mi isla bella, con sólo 16 años. No quería volver a mi amada tierra natal porque los dos hermanos de mi amante querían matarme.
Durante 19 largos años no me comuniqué con nadie de acá y como nadie supo con quién y a donde escapé, tampoco recibí muchas noticias de mi isla querida. Mi tío-abuelo, murió de cáncer en el transcurso de esos 19 años pero para eso ya era yo un hombre adulto, con negocio propio que él “me heredó en vida” al retirarse. Me dedicaba a exportar piezas de carros a cualquier parte del mundo, eso fue lo que aprendí y la manera en la que me gané la vida. Con el pasar del tiempo, por mi vida desfilaron muchas mujeres, no perdoné ni a una, antes de salir con ella la séptima vez ya éramos amantes, ese tipo de relaciones no duran mucho. Pero jamás hubo una mujer que amase tanto como a mi Elizabeth. Ella es el eje de mi historia.
Una tarde llegó cierto sujeto, que se apellidaba “La Vida”, el cual me hizo un pedido de ciertas piezas con destino a Mayagüez de Puerto Rico. Recordé a mi amado Cabo Rojo e inevitablemente vino a mí, recordar aquel sombrío acto de cobardía del que había sido protagonista y mi semblante decayó, el sujeto me miró por un momento con seriedad y luego sonrió.
-“Hombre, sea alegre, tenga usted buen ánimo, que el destino toca a su puerta.”-dijo y sonrió, sacó una tarjeta de su abrigo y la colocó sobre el mostrador, me dio una mirada como galán de película y se marchó. Por un momento pensé que estaba en blanco, pero al tomarla supe que me equivocaba.
-“Así que este “burdel disfrazado” se llama “Amor Prohibido”, muy original.”-comenté.
En aquel momento pensé que era estúpida su idea de dejarme aquella tarjeta. Así que la coloqué sobre el escritorio y seguí el papeleo, pero mientras más la observara, así fuese con el rabo del ojo, más me interesaba. Amor Prohibido, extraño nombre para un lugar de bailarinas nudistas, es más, suena cursi, me dije. Pero pronto, me torné optimista con aquel gesto. Estoy solo, soy muy bien parecido, tengo mucho dinero. ¿Por qué no? Aun siendo mi vida como había sido, jamás había visitado un “burdel”, así que poco a poco, lo que fue estúpido, me interesó, me creó curiosidad y la curiosidad mató al gato, aunque en su caso, la satisfacción lo revivió.
Ese viernes, me preparé, me vestí con la mejor ropa, buen peinado, un reloj caro y una faja de billetes en mi bolsillo fueron mis “atributos”. Al llegar al lugar, en una de las calles más conocidas de NY, me fijé que tenía aspecto de casa antigua con frente adornado de dos columnas y en el centro de ellas, el letrero que te dejaba saber a dónde habías llegado.
Me acerqué al moreno americano que servía de portero y le contemplé momentáneamente, y él a mí y me preguntó qué pasaba, que si quería algo y saqué la tarjeta y se la entregué. Él me preguntó sobre cómo la obtuve y le dejé saber que aquel sujeto con aquel apellido La Vida me la había dado, diciendo que el destino había tocado a mi puerta. El abrió los ojos como soles y sonrió como si repentinamente fuese tímido, se disculpó y me llevó adentro, el lugar estaba iluminado, la luz era falsa y artificialmente programada. Llegué a un cuarto privado con él y me dejó saber que me “atendería” la bailarina y dama de noche más bella de NY. Afirmé con la cabeza y él se marchó. Pasados cuatro minutos, entró una dama en la habitación. Describiéndola diré que era rubia de cabello largo y lacio, su piel era bronceada-se notaba que fue blanca alguna vez-sus senos perfectos, era de baja estatura, de ojos verdes y era Elizabeth Heart.
-“Hola galán.”-dijo y se sentó en la mesa donde estaba el tubo para ella bailar y conversamos un poco-“Sé que está usted lleno de estrés”-me dijo con ojos a medio cerrar-“pero relájese, puede verme como una amiga, estoy aquí para hacerte feliz, para que disfrutes la función.”-dijo, tras lo cual subió a la plataforma de baile. Tenía una blusa que decía “Las Chicas somos Malas” roja y blanca, sombrero de cowgirl negro, falda blanca y unos tacos de plataforma negros.
Comenzó a bailar al compás de la música, sinceramente ni recuerdo el ritmo. Lo que sí recuerdo fue como poco a poco comenzó a quitarse su blusa-me percaté de que tenía una pantalla en el ombligo-luego su falda blanca y se quedó en ropa interior. Su ropa interior era roja, los manguillos de su sostén eran transparentes y el diseño completo era de rosas. Pensé que ahí terminaría la función, pero no fue así.
Comenzó a hacer ciertos movimientos que me reservaré y prontamente ya no tenía sostén, pude admirar sus pechos. Continuó su baile y aquellos movimientos que no puedo describir, por respeto y me dio la espalda y se acercó, tenía un tatuaje en su espalda baja, era una palabra y decía “Suya” en letras hechas como para parecer rosas. Nuevamente de frente sostuvo con sus manos las ataduras de su ropa interior inferior y poco a poco las soltó. Recuerdo muchos detalles de lo que observé, pero el más curioso fue otro tatuaje con el mismo estilo, este decía “Bad Girl”, que traducido es “chica mala”. Era una “diosa malvada que había venido entre los hombres para hacerlos pecar”, eso pensé. Siguiente y sólo en sus tacos de plataforma y con su sombrero de cowgirl se sentó sobre mí-mi corazón latía a “mil por hora”-comencé a sudar y hasta me dieron escalofríos de tener a una mujer tan preciosa allí, conmigo.
-“Sé que ahora estás mejor galán.”-murmuró a mi oído, mordiéndome levemente la oreja, tras lo cual me lamió los labios. Tomé el dinero que traía en mi bolsillo y le entregué una buena suma de dinero, ella sonrió y me contempló momentáneamente.-“Hasta pronto galán.”-me dejó saber y se marchó del cuarto, llevándose su ropa, después de aquella función privada también abandoné el lugar, no bajó una tormenta de agua, sino, bajo una de sentimientos.
No hice más que salir y ya quería volver a verla, ella daba sus funciones los viernes, así que cada viernes regresaba a beber un poco más de aquel elíxir que como el “Fuego de San Agustín” me quemaba el ser. Cada una de aquellas ocasiones era más y más dinero para ella y más y más “Fuego de San Agustín” para mí. Hasta que una noche todo cambió, para siempre. Esa noche fue aquella que tras un millar de sentimientos conflictivos y tras pensarlo a fondo, me decidiría a confesar mis sentimientos, increíblemente conociendo el tipo de mujer que era y la vida que llevaba, estaba enamorado de ella. Cuando entró al cuarto pensé en decírselo tan rápido como pudiese, mas otra vez su belleza me deslumbró y no pude decir nada de la manera que lo planeé.
-“Hola galán, eres preso del estrés, lo sé, pero hoy, te libraré de tus cadenas. Hoy, hace un mes que nos conocemos, es nuestro aniversario.”-dijo y sonrió simpáticamente, subió a la plataforma e hizo su rutina de baile. Cuando terminó, los guarda espaldas que siempre estaban en la puerta del cuarto durante “las rutinas” se marcharon y ella, se bajó de la plataforma y se dirigió hacia mí.
-“¿Qué sucede?”-pregunté extrañado de tal situación.
-“Nada. ¿Qué va a suceder? Sería mejor pregunta.”-dijo mientras me desabotonaba la camisa.
Lo siguiente no hay necesidad de describirlo, estaba acostada en mi pecho, ambos como Dios nos trajo al mundo y ella fumándose un cigarrillo de marihuana que de hecho olía a fresa cuando exhalaba el humo.
-“No eras “tan mala” después de todo. Pensé que con una vida como la tuya eras señora desde hace mucho, mas con lo que pasamos ahora, me percaté de que me equivoqué.”-le dije pensativo, culpa de la vida la ironía por ambos vivida.
-“Esperaba al hombre ideal, pensé que eras tú, no te has propasado conmigo, eres elegante y sencillo y por alguna misteriosa razón desde que te conocí, me resultaste tan familiar.”-fue su confesión.
-“Hay algo que quiero decirte.”-le murmuré al oído, decidido a desnudar mi corazón, para que ella contemplara mi interior, me confesaría. Pero me interrumpió antes.
-“Dime la verdad, ¿tienes esposa?”-preguntó con cierto tono de nerviosismo en su voz.
-“No, llevo mucho tiempo solo. Lo tengo todo menos una buena mujer a mi lado, aunque hay quien dice que no hay mujeres buenas, yo busco una buena mujer dispuesta a compartir todo conmigo, su corazón incluido.”-le dejé saber, ella me acarició el cuello con su mano izquierda y sonrió paso a paso.
-“Cariño, si estuvieses dispuesto a aceptarme como soy, yo sería más que tu mujer de ocasión, no por dinero, sino por lo que todos mendigamos, por amor.”-fue su humilde respuesta.
-“Elizabeth, cásate conmigo, deja “esta vida”, no importa lo demás, pero “deja esta vida”, el resto yo lo acepto, si te gustan las drogas, te gusta beber alcohol, etc., está bien, pero deja “esta vida”, si realmente me correspondes, deja “esta vida” y vivirás como una reina. Lo juro.”-y fueron mis palabras tan poderosas, pues salieron de mi ser.
-“No te preocupes por mis malas costumbres, de los vicios mi favorito es la marihuana ningún otro frecuento, he visto lo que les ha hecho a mis amigas y no intereso ese destino.”-dijo ella con sus ojos a medio cerrar.-“En cuanto al baile, es mi estilo de vida. ¿Qué puedo hacer?”-preguntó tan frágil.-“Te amo, me eres tan familiar como si te conociera de otra vida, pero me gusta ganarme las cosas, no ser una mantenida, además ¿En que trabajaría?, esto es lo único que sé hacer.”-fue su respuesta en un tono tan sincero. Supe que era pobre de espíritu y que en la vida, estaba completamente perdida.
-“No tiene que ser así, yo puedo conseguirte un trabajo.”-le sugerí cuando repentinamente nos interrumpieron.
-“Elizabeth, ¿tiene un momento?”-preguntó el guardaespaldas de aquel lugar tras abrir la puerta donde nos encontrábamos. Ella me miró.
-“Voy a pensarlo. Discúlpame un momento, tengo que atender un asunto.”-dijo y se levantó de sobre mí, tomó su ropa y tras vestirse salió de la habitación con el moreno guardaespaldas. Tras unos minutos que se tornaron increíblemente largos para mí, ella regresó.
-“Debo irme Sebastián.”-dijo con un nudo en la garganta y sus ojos casi aguados.
-“¿Qué sucede?”-pregunté desconcertado, mientras tomaba mis cosas para vestirme.
-“Nada que puedas remediar, debo irme, apúntame tu teléfono, te llamaré.”-dijo, tras lo cual me dio un papel y un bolígrafo.
Apunte mi número y ella lo tomó, apagó el cigarrillo de marihuana que había dejado sobre la plataforma de baile cuando se levantó y se fue. Antes de salir por la puerta me dio una última mirada y sonrió. Al terminar de vestirme traté de seguir tras de ella pero el moreno lo impidió. Le pregunté al moreno sobre qué había sucedido y él dijo que nada sabía, sólo que ella no estaría por unos días. Me marché de allí “fuera de órbita”. Pensaba en tantas cosas, pero más que todo en dos cosas, en lo familiar que se me hacía, como si la conociera de otra vida, y segundo, en aquel momento en el cuál había depositado dentro de ella mi “líquida y caliente forma de amar”. Una semana después sonó el teléfono.
-“¿Este es el celular de Sebastián?”-preguntó la voz de alguien que parecía haber llorado mucho.
-“Si eres la mujer de Johnny, definitivamente no, no es el celular de Sebastián.”-respondí, pensando que era otra persona.
-“No conozco a ningún Johnny, soy Elizabeth.”-respondió con otro tono de voz.
-“¿Elizabeth? Claro que soy yo, ¿qué sucede?, ¿dónde estás?”-le pregunté desesperado por saber que había sucedido.
-“¿Puedes verme frente a “Amor Prohibido”?, prefiero hablar en persona.”-fue su solemne respuesta.
-“Claro, no te muevas, voy para allá.”-le respondí y tras resolver unos asuntos me dirigí velozmente hacia el lugar. Al verme ella se subió al auto. Me besó en la boca apasionadamente y luego, abrió su cartera, sacó un cigarrillo de marihuana con olor a fresa y lo encendió inhaló por su boca y exhaló luego de cinco segundos.
-“Disculpa que no te haya llamado antes.”-murmuró.
-“No hay problema, ¿qué sucedió?”-le pregunté cuidadosamente.
-“Sebastián, mi madre murió.”-dijo e inhaló por su boca nuevamente y tras otros cinco segundos exhaló.-“Durante una persecución policiaca el perseguido perdió el control y se estrelló contra el auto de mi madre y...apenas reconocí el cuerpo. Lo peor de todo, es que nunca fui una buena hija.”-dijo con una mirada perdida. Por tercera vez inhaló y exhaló por su boca aquel veneno natural, recostó el asiento hacia atrás, cerró sus ojos y comenzó a llorar amargamente.
-“Lo lamento, lo lamento tanto. No llores angelito, que me partes el alma.”-le respondí, sin realmente saber que decir.
-“¿Crees que puedo cambiar?”-preguntó repentinamente abriendo sus ojos y mirándome, con una mirada perdida.
-“Claro que sí, con la ayuda de un buen hombre como yo, puedes hacer lo que quieras en esta vida y el límite lo pones tú.”- Me miró esperanzada y sonrió.
-“Quiero cambiar, Sebastián, quiero dejar de ser bailarina en “Amor Prohibido” y conseguir un trabajo honesto. Tendrás que enseñarme lo que es un trabajo honesto pues no tengo idea. Además, quiero dejar esto.”-dijo levantando la mano donde tenía su cigarrillo de marihuana.-“Quiero también, un hombre que me ame, tú me amas Sebastián, eso dices, ¿Qué amas de mí, mi juventud?”-preguntó y sentí su tristeza.
-“Yo te amo en tu totalidad, como no he amado a nadie, es indescriptible, no es por tu juventud, eso es lo de menos, te amo, porque te me haces tan familiar, como si te recordara de un sueño, o del sueño que se sueña cuando se sueña que se sueña.”-dijo sonriendo tras aquel trabalenguas basado en redundancia.-“Solucionaremos tus problemas, renuncia a tu trabajo de bailarina y trabaja para mí, como secretaria, necesito una en mi empresa hace ya algún tiempo, múdate conmigo a mi casa, convivimos un tiempo y luego si crees que todo resulta, pues me cumples mi más añorado deseo y te casas conmigo. Respecto a la marihuana, la rehabilitación se otorga hoy día hasta de gratis y además, tengo suficiente dinero ahorrado como para mandar a desintoxicar o rehabilitar a 200 personas a la clínica más cara. En el final tú decides. Ella sonrió y hasta una carcajada se le escapó.
-“Por algún lado hay que comenzar.”-dijo y tras apagar su cigarrillo de marihuana y bajar la ventana lo desechó.
Cuatro semanas más tarde, ella ya había dejado su pasado atrás definitivamente, su vida era diferente. Había aumentado 3 libras, vivía conmigo, en mi departamento y ahora, trabajaba para mí. Nuestra vida era estable y éramos felices
Después de esto, pasó un mes cuando las cosas comenzaron a cambiar. Una noche, salí de trabajar más tarde de la cuenta y ya ella estaba en casa. Quería sorprenderme según ella, así que cocinó un plato típico puertorriqueño para mí, lo que me resultó un milagro, pues según ella no sabía cocinar mucho que digamos, me lo dijo por teléfono.
Cuando llegué a mi departamento el olor que emanaba era exquisito, sonreí y abrí la puerta, cuando miré en la cocina ella desechaba unas cenizas en el zafacón. Me estuvo curioso así que le pregunté de qué se trataba, ella me explicó que eran los retratos de su madre. Le pregunté por qué nunca me enseñó uno. Ella me dejó saber que en su familia había esa tradición, de quemar retratos de los que morían, para que sus almas pudiesen descansar en paz. No le insistí en el asunto y ella y yo comimos juntos, en cuanto a su padre, nunca lo conoció, su madre cuyo nombre era Ana le dijo que “lo perdió antes de que ella naciera” y para evitar que usase su nombre con un hijo, pues era de mala suerte, nunca le dijo como se llamaba.”
Fue la mejor cena que había tenido en unos cuantos años. Reímos con el asunto de que para no saber cocinar la comida había quedado exquisita y fue todo como un cuento de hadas. Al terminar yo limpié los platos, los sequé y ella, bueno ella quería comerse algo dulce.
-“Sabes, como que se me antoja un pedazo de pastel de chocolate y un vaso de leche, creo que voy a comer eso antes de dormir, ya sabes, el postre.”-me comentó, como con rostro de inseguridad.
-“Pensé que el postre era yo.”-le dije bromeando.
-“Hoy no, hoy quiero chocolate.”-me dijo pícaramente.
-“Así son las mujeres, así son ustedes, ¿cuáles son las tres cosas básicas sobre ellas? su mejor amigo es el diamante, el camino a su corazón es por los ojos y prefieren comer chocolate a sostener relaciones sexuales. Ya puedo escribir un libro que se titule “Entienda a las mujeres, para principiantes.”-dije y ambos reímos, estábamos tan enamorados, es que todo parecía tan familiar, creo que esa era la razón una y otra vez.
-“Voy por ese pedazo de pastel de chocolate y no lo impedirás.”-me dijo con ojos a medio cerrar, maliciosamente. Al levantarse y dirigirse al refrigerador, repentinamente cayó desplomada. Una vez en el hospital y tras haberla atendido el doctor, nuestra historia dio su primer giro.
-“¿Doctor qué es lo que tiene? Debo saberlo, ella es mi novia, la amo profundamente y la haré mi esposa, puede decirme lo que sea con total franqueza, ¿qué es lo que tiene?”-le pregunté al viejo doctor, Alfonso Agosto. Me contempló por un momento en silencio y finalmente me respondió.
-“Ella quiere tener la oportunidad de decírselo. Por aquí, acompáñeme.”-dijo el Doctor Agosto. Al llegar al cuarto de Elizabeth, esta lloraba y reía, su mirada llena de compasión y confusión me tocó el corazón y me estremeció. Me acerqué a ella y la abrasé fuertemente, esperando lo peor.
-“¿Que sucede Elizabeth?”-finalmente pregunté, ella me miró y sonrió tímidamente.
-“Estoy embarazada de ti, Sebastián, tengo casi un mes.”-fue su humilde e inesperada respuesta. Yo comencé a reír de nerviosismo y la abrasé más fuertemente.
-“Mi vida, eso es maravilloso.”-fue lo único que pude decir. Cuando el Doctor nos interrumpió.
-“Felicidades, señor Sebastián. No quisiera opacar la celebración, pero quisiera hacerle unas cuantas preguntas y unos cuantos exámenes médicos ya que es usted el papá del niño, son cosas de rutina.”-me dejó saber el sujeto con una actitud sospechosa.
-“Por la madre de mi hijo, lo que sea.”-respondí alegre.
-“¿Qué tipo de sangre es?”-preguntó y comenzó a tomar notas.
-“Soy +O.”-le contesté.
-“¿Su edad?”-preguntó un tanto nervioso.
-“Tengo 37 años de edad.”-le contesté.
-“Con esa edad podría ser su padre.”- él me dijo sorprendido con una mirada desconcertante y que hasta me dio escalofríos.
-“Para el amor no hay edad.”-le contesté un tanto molesto por su comentario fuera de lugar.
-“Disculpe, por aquí, le haremos los exámenes de rutina.”-dijo el sujeto y lo acompañé. Ella me miró una última vez y sonrió, nos despedimos y me dijo adiós, ya que pasaría la noche en el hospital, bajo observación por la caída.
La mañana del día siguiente, desperté por que sonó mi teléfono celular, una enfermera llamada Beatriz me llamó y me dejó saber que debía venir al hospital que era una emergencia, una terrible emergencia. Al llegar frente al hospital había un sin fin de gente parada cerca a la puerta del hospital, había patrullas de la policía, unos paramédicos, un fiscal, entre la multitud, pude distinguir a el doctor Alfonso mirando la escena. Me contempló y dos lágrimas se le escaparon. Comencé a abrirme paso y a empujar a todo el mundo hasta llegar a donde él se encontraba.
Al contemplar el suelo, el lugar del punto de atención, donde las miradas se clavaban, lo que observé, no tenía descripción, allí en el pavimento en un mar de sangre tras una caída desde un sexto piso, el cuerpo desfigurado de mi amada Elizabeth. Yacía muerta, se había suicidado. ¿Por qué? El doctor, se acercó a mí, me abrazó y colocó algo en el bolsillo de atrás de mi pantalón, sin que nadie se percatara. Se alejó de mí unos pasos y me miró con desprecio.
-“Ella para ti Sebastián, era un amor prohibido, escribió eso antes de morir.”-dijo el doctor hablando de la carta y se alejó de mí, perdiéndose en la multitud que cada vez se hacía más grande y la carta decía como sigue:
“Estas son mis “últimas líneas”, eres mi padre, aquel que abandonó a mi madre hace casi 19 años atrás, cuando aún no había nacido. Aquel que mi madre vino a buscar a la tierra de los gringos, se equivocó al pensar que estabas en Miami. El Doctor Agosto, es mi padrino, mi madre lo eligió porque fue quien atendió su parto, cuando le dije que te llamabas Sebastián y que tenías casi cuarenta años se sorprendió, me pidió que no te dijera que era su ahijada.
Por eso la prioridad de servicio y etc. Cuando te hiciste “las pruebas de rutina” que él te pidió, no era otra cosa que una prueba de ADN, eres mi padre. Él te reconoció, no has cambiado mucho que digamos, Sebastián padre mío, Agosto te vio en una foto hace mucho tiempo, sentados mi madre y tú en la superior, en un banco, foto que mi madre atesoraba. Allí estabas con mi madre, cuyo nombre real me enteré es Kimberly. ¿Por qué se hacía llamar Ana y en todos los papeles también? Ella presenció un crimen cuando llego a Miami y fue puesta en el programa de protección de testigos, le cambiaron el nombre.
Cuando me enteré que le había entregado mi pureza a mi padre, que me habías sacado de la barra de Marcos, que habíamos hecho el amor una y mil veces, que le había amado y que ahora esperaba un hijo suyo, consideré la vida tan cruel. Tú eres mi padre y me embarazaste. ¿Qué nacería de nuestra unión? Lamento que me hayas abandonado cuando aún no nacía, lamento no haberte importado para aquel entonces, lamento que me hayas hecho tu mujer, lamento que me hayas hecho un hijo, lo lamento tanto, lamento que el hombre al que amo y con el que hago estremecer mi cama sea mi padre, lamento que el hombre que me hizo cambiar fueses tú, lamento que la vida nos usara para enseñarle una lección como está a otros y a nosotros, lo lamento. Pero lo más que lamento es que algo como esto no tenga solución. Te veré en otra vida, amor mío, mi padre, te veré en otra vida.
Aún me pregunto cómo pudo ser que aquello no me hiciera enloquecer, aunque se dice que los locos nunca lo admiten, nunca admiten que están locos, que ellos siempre creen que están cuerdos. No sé cuánta cinta me quede ya, no sé si el resto importa, sólo sé que en esta vida, lo que se hace se paga y que si Dios se antoja, te puede entregar en las manos del Diablo y este de despedazará. Tú que me escuchas, no cometas el mismo error que yo, no abandones a una mujer embarazada, no eches sobre ti la ira de Dios, porque el destino toca a tu puerta. Tú, sí, que hoy conoces mi historia, te veré en otra vida...
Siguiente a estas palabras, en la grabación se escuchaba el sonido de huesos romperse y como si una silla se hubiese caído, finalmente, el movimiento de algo intermitente que daba contra la pared. El detective Hopeless miró al ahorcado con lástima, ahora que conocía su historia, pobre Sebastián aprendió de la peor forma que la traición se paga con la sangre.
El fiscal llegó. La grabación fue llevada como evidencia y el fiscal dio su consentimiento de que lo descolgaran, estaba muerto. Tras hacer eco al fiscal, Hopeless le miró por un momento y se percató de que no era el mismo de siempre. Notó que reía cínicamente y que alguna estela malévola le cubría.
-“No tengo el gusto de conocerle, señor fiscal, ¿Quién es usted? ¿Cómo se llama?”-le preguntó Hopeless invadido por aquel extraño sentimiento.
-“Marcos, Marcos La Vida.”-le dijo el sujeto sonriendo maquiavélicamente y caminó hacia la puerta.
Hopeless no lo podía creer, ¿sería acaso este sujeto Marcos, el dueño de la barra “Amor Prohibido”? o ¿sería acaso el señor La Vida, el sujeto que le entregó la tarjeta a Sebastián? Peor aún, ¿serían los tres el mismo sujeto? Antes de cruzar el arco de la puerta el sujeto se detuvo, el fiscal y tras unos leves segundos, habló, antes de abandonar aquel lugar.

-“Tranquilo Detective Hopeless. El destino toca a tu puerta, te veré en otra vida.”-le dijo aquel sujeto y Hopeless jamás volvió a verlo en esta vida.

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